«MORFOTRANSFORMACIÓN», un cuento de ciència ficción.

Parece ser un simple rayo de luz pero…

Atravesar el rayo verde, de desconocida procedencia, fue un grave error, pero intrépida de mí, ignoré las advertencias de las compañeras. Las consecuencias de tal osadía me obligaron a abandonar el campamento mientras dormían.

A las pocas horas de vagabundear por el bosque mis extremidades habían duplicado su extensión, adquiriendo una elasticidad perturbadora.

Los pies habían ganado un palmo y se me abrían como abanicos desplegados. Los brazos alargados sostenían las manos, de dedos con una falange de más, en la parte blanda de los cuales habían surgido unas ventosas que me proporcionaban facultades prensiles impensadas.

Escondida entre el follaje de un gran árbol, ya de amanecida, podía escuchar las voces de las otras excursionistas, buscándome desesperadas. Se hallaban a gran distancia de donde me había refugiado, pero mi audición era como la del gato más agudo y el olfato podía competir con el sabueso más inspirado.

Agarrada al tronco de un roble, grueso como tres hombres potentes, advertí como el cuerpo se me hinchaba sin que hubiera forma de pararlo, agrandándose a lo largo y ancho, y una corteza de fango reseco sustituía mi epidermis con aspecto de tierra yerma de un verdoso repulsivo.

Aproveché las sombras que una mañana gris y cubierta añadía a las del frondoso entorno que me alojaba para abandonar la guarida y me dirigí hacia la cima, hacia el lago, donde poder contemplar lo que me sucedía. De camino, mi sombra me permitió observar unas protuberancias a modo de clarinete que se alzaban sobre mi cabeza, moviéndose a todos lados.

La nariz se me había prolongado hasta triplicar la medida original y se balanceaba persiguiendo los aromas del boscaje.

Una lengua de medio metro se abalanzaba sobre todo lo que estaba vivo. La última presa había sido una miembro de la acampada, que se había despistado del grupo, y que acabó sorbida y diluida.

Consciente aún de mis actos, me apresuré a alejarme de las voces que se me aproximaban coreando mi nombre. Un nombre que aún reconocía. Después de todo eran mis compañeras de estudios, algunas mis amigas y no quería ocasionarles ningún daño.

Mi visión se había multiplicado por decenas de imágenes que se repetían nítidas, como nunca había imaginado, ni con la corrección de las gafas que usaba habitualmente y que había perdido no recordaba cuando ni donde. En la oscuridad de la espesa arboleda veía mejor incluso que a la luz del día.

Quería llegar al espejo natural, al lago de la esplanada que hay en la cima más alta. La luz de la luna me permitiría ver quién soy. Podría comprobar en qué me había convertido, aunque para entonces era posible que la lucidez me hubiera abandonado y simplemente contemplara una morfología que me parecería de lo más natural.

Mientras me permitía esta reflexión mi lengua capturaba un gran tábano oscuro y aterciopelado que me pareció un bocado exquisito.

Fin

Un cuento de Àngels Blasco que podéis escuchar en formato audiolibro AQUÍ

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About the author

Àngels Blasco (o Àngels Blasco Ros). No puedo vivir sin escribir, me gusta la fotografía, las que aparecen en diversas partes del bloc y en las portadas de los relatos son de mi portafolio. Disfruto observando mi entorno, tanto personas, como elementos que componen la escena vital. Salir a la calle, viajar, hablar con gente distinta, conocer otras culturas, tratar de entender el mundo que me rodea, todo es una fuente de inspiración. Aunque… confieso que no siempre lo consigo.