Una cita amorosa y una sorpresa inesperada que puede estropearla.

Al contemplar su apartamento de soltera, me he sentido transportado a otra dimensión.
Pequeño, de un solo espacio y atiborrado de útiles y objetos hasta lastimarme las pupilas.
Justo a la entrada hemos topado con la cama, llena de ropa esparcida a su aire y libros, un montón, muchos abiertos.
Aun no podía creer que una chica como ella hubiera aceptado salir conmigo.
Las sienes me vibraban como cuerdas de guitarra y me rechinaban los dientes. Incluso temblaba.
Entonces ella me ha besado, un beso largo y cálido. Yo no podía hablar.
Sentados en la cama hemos empezado a desnudarnos. Yo la camisa, ella la blusa. Y al quitarme el zapato del pie izquierdo, un agujero enorme ha dejado al descubierto mi dedo gordo.
No me podía ver, pero estoy seguro que he enrojecido de vergüenza. He contemplado horrorizado como aquel descosido torpedeaba mi anhelada noche de gozo. Una catarata de sudor me inundaba la espalda y he hecho esfuerzos para no llorar.
La he mirado. Ella se ha percatado de la rotura y me ha mirado a los ojos.
Se ha levantado de la cama y se ha situado delante de mí, de espalda. Lentamente se ha bajado la cremallera de la falda y ha dejado al descubierto un desgarro en las medias, justo sobre la nalga izquierda, uno grande como la palma de una mano.
Nos hemos observado, buscándonos, tratando de averiguar si lo mejor de nosotros aún seguía allí.
Hemos sonreído, se ha lanzado sobre mí, sobre la cama, y ha dispersado todos mis miedos.
Fin
Un cuento de Àngels Blasco que podéis escuchar en formato video/audiolibro: AQUÍ
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