Es en los peores momentos cuando los lazos afectivos se ponen a prueba.

Frente al espejo desnudó su cuerpo.
No impidió las lágrimas que provocó contemplar la mutilación, comprobar el cambio padecido bajo la garra de la enfermedad.
Cerró los ojos. La tibia mano de él, sobre su espalda la estremeció. Los dedos delgados, casi infantiles, recogieron el fruto de la tristeza que resbalaba por sus mejillas.
Sumida en la penumbra y protegida por el encaje grácil de unos brazos musculosos y fuertes convertidos en alas de cisne, sintió los labios de su marido sobre el muñón de carne, aun tierno, de su pecho.
Gozó de la calidez del aliento amado.
Al abrir los ojos buscó los de él en el espejo. Estaban allí, sin miedo, llenos de confianza y sinceridad.
La media sonrisa de labios delgados, tan familiar, le confirmó que la complicidad de los años de convivencia no había sido un mero sueño, y que lo tenía a su lado para afrontar el futuro.
Se dejó abrazar.
Fin
Un cuento de Àngels Blasco que podéis escuchar en formato video/audiolibro en youtube: AQUÍ
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