Los científicos avisaron, pero la mayoría los ignoró. Cuando llegó el día, no estábamos preparados para recibirlo.

Nos lo advirtieron, pero lo ignoramos. Los científicos confirmaron que no podían localizar algunas galaxias, y fuimos escépticos. Cuando dijeron que había desaparecido una de cercana, nos mostramos aun incrédulos.
Sin embargo, aquel día, cuando la oscuridad nos invadió, y nos convertimos en partículas iridiscentes dentro de un útero ilimitado y negro, ni siquiera tuvimos tiempo para llorar.
A mi lado, otra unidad de luz me preguntó qué pasaría a partir de ahora, y no supe qué responder. Tenía la apariencia de una neurona desencajada de su despensa habitual.
Flotábamos en aquel fluido invisible y, cuando chocamos, dos entidades más aparecieron. ¿Éramos nosotras? O… ¿Nosotras éramos ellas?
Las colisiones aumentaron exponencialmente y la multiplicación no se detenía. Por todas partes aparecían grupos compactos formados por la suma inacabable de unidades luminosas.
Nos interrogábamos las unas a las otras sobre el final de aquella singular situación. No teníamos ni memoria ni respuestas. Cada vez estábamos más comprimidas.
Alguien dijo que las circunstancias eran muy extrañas, sobre todo, el hecho de que en un instante hubiera sobrevenido aquella tumultuosa replicación.
Del fondo desconocido surgió una potente voz: “¿Quinientos mil millones de vuestros años os parecen un instante?».
Nos giramos como una sola entidad buscando la informadora anónima, sin éxito. Una preguntó qué era lo siguiente.
Desde otro ángulo del infinito negro y profundo estalló una atronadora carcajada que lo invadió todo, antes de pronunciar las palabras: “Después la gran explosión y un universo nuevo emergerá de vosotras para volver a comenzar”.
Fin
Un cuento de Àngels Blasco que podéis escuchar en formato video/audiolibro en youtube: AQUÍ
Deja un comentario