«BAJO TIERRA», un cuento de terror

¿Qué podemos hacer contra el miedo? ¿Nada? ¿Gritar?

¿Dónde estoy? Ah, sí. El socavón. Algún malnacido lo ha dejado descubierto.

Con la lluvia y la farola apagada no he advertido que habían quitado la tapa.

Tengo un pitido en el cerebro.

Ahora recuerdo. He tropezado no sé con qué: un cable, tal vez chatarra, alguna cosa me ha sujetado el pie, me he tambaleado y me he precipitado al fondo.

Oigo voces allá arriba, lejos, me parece que son los compañeros de trabajo. Me gritan no sé qué de una escalera, o cuerdas. No los entiendo.

Me dicen que no me mueva, como si lo pudiera hacer. No me puedo mover, ni puedo hablar. Estoy tendido boca abajo y no me siento el cuerpo. Allí, en un rincón, parpadea una luz, parece una vela, pero debe ser un reflejo. ¿De qué?

Si me pudiera girar tal vez sabría a dónde he ido a parar. Dos o tres plantas abajo en la caída, creo. ¿Por qué no estaban cerradas las compuertas de entrepisos?

A ras de suelo veo los reflejos del agua, todo parece sucio y lleno de escombros. Me rodea una peste de podrido, de corrupción que me oprime.

Mi respiración mueve pedacitos de tierra que se alejan y vuelven. Siento un hilillo de agua que se escurre por algún muro. También el ronroneo de motores. Debo estar cerca de la línea de metro.

Y no puedo moverme. He debido caer de mucha altura, pero no me duele nada. No lo entiendo. Sólo este regusto dulzón en la boca, tal vez de sangre.

Ahora oigo un murmullo gutural que se acerca, y sombras que perfila la tenue luz que me envuelve. Están cerca, diría que casi encima de mí, pero ¿Quiénes son? No hablan, lo que emiten más bien parecen gruñidos.

¿Ayúdenme! No puedo hablar. Muevo los párpados, eso sí. ¿Por qué no puedo hablar? Así no sabrán que me ha pasado, tal vez pensaran que estoy muerto.

¡Estoy aquí! ¡Estoy vivo! Me rodean y oigo los gruñidos, mezclados con gemidos, gritos y una especie de chupeteos que no comprendo. No hablan, pero atraviesan el campo iluminado por la vela y sé que están aquí, muy cerca.

No los veo. ¿Qué hacen? ¿A qué esperan? ¡Necesito ayuda! Si me volteasen verían que muevo los ojos y se darían cuenta de que estoy vivo.

Estoy cansado…, muy cansado…, como si tuviera sueño. Pero debo resistir. ¡Ahora! Veo una sombra que se me acerca y me toca la espalda. Parece pequeña, como la de un niño. Me sujeta con fuerza y, por fin, me gira. Panza arriba los percibo. Son niños o lo parecen.Hay unos cuantos y me ignoran. Los tengo encima de las piernas. La luz no es suficiente para distinguir qué hacen, qué me hacen.

No me miran. Los ruidos son más potentes y se me acercan. Ahora parece que la luz clarea el ambiente y los veo. Criaturas con los cabellos alborotados, caras pálidas, con los ojos hundidos, perdidos, y las bocas llenas de no sé qué.

¿Qué hacen? ¡No! ¡Ayúdenme! ¡Estoy vivo! Muevo los párpados, pero no se dan cuenta, o tal vez sí.

Estoy tan cansado porque me desangro, ahora lo comprendo. Me abandona la sangre y me diluyo. Pero lo veo. Ahora lo veo. ¡Socorro! ¡Deteneos! Dios mío, se me comen.

Fin

Un cuento de Àngels Blasco que podéis escuchar en formato video/audiolibro en youtube: AQUÍ

Deja un comentario

About the author

Àngels Blasco (o Àngels Blasco Ros). No puedo vivir sin escribir, me gusta la fotografía, las que aparecen en diversas partes del bloc y en las portadas de los relatos son de mi portafolio. Disfruto observando mi entorno, tanto personas, como elementos que componen la escena vital. Salir a la calle, viajar, hablar con gente distinta, conocer otras culturas, tratar de entender el mundo que me rodea, todo es una fuente de inspiración. Aunque… confieso que no siempre lo consigo.